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River y colón

por paulino09
miércoles, 03 de septiembre del 2008 a las 04:03
guardado en

 1 

En el paraíso de tus ojos,
me pierdo porque estoy perdido,
en la paz de tus labios,
me encuentro porque estoy contigo,
en el universo de tu alma,
vivo con mil sentidos,
en ti, vivo amándote.

 

Sabes a silencio y a sueños,
con melodías de ternura
y tacto de deseo,
sabes a mi mundo,
a todo lo que anhelo,
sabes a amor, a mi amor .

Mi objetivo son tus sentimientos,
uno a uno, de mi a ti,
riendo tristezas,
llorando sonrisas,
mi objetivo eres tú,
y sólo tú, para amarte.

 

Ahora puedo oírte,
puedo sentir tu silencio,
puedo recorrer tus besos
y soñar tus labios,
puedo hasta escuchar tu melodía,
aún cuando estés lejos
y seas todo nostalgia.

 

Mientras me hablabas y yo te miraba,
se detuvo el tiempo en medio instante:
el amor me llamaba y yo le obedecía.
Mientras me susurrabas y yo te amaba,
se alzaron los sentimientos,
mandó tu voz,
el cielo se hizo visible en tus ojos,
y yo pronuncié el querer en tus labios
.

Fue una mirada,
un frenesí de besos,
una lujuria de sentimientos.
Fue un instante sin fin,
sin tiempo para soñar.
Y entonces despertamos,
... y seguimos amándonos.

2

Cuando tu beso es una caricia
cuando es un despertar contigo,
si una sonrisa es un motivo
y un silencio tu añoranza,
cuando tú amor me manda
y yo obedezco con pasión,
entonces sigo amándote.

 

Tiéntame, acaríciame
lléname cada instante de ti,
haz que cada noche sea un sueño
y cada despertar una sonrisa,
lléname de ti
y llévame a tu amor.

 

Si te sueño porque te quiero,
si te necesito porque te quiero,
si te pienso porque te quiero,
si te añoro porque te quiero,
te quiero porque te quiero
y te quiero porque eres tú.

Te necesito para respirar,
necesito tus ojos para ver
necesito tus labios para sentir,
necesito tu alma para vivir
necesito tu existencia para sonreír
te necesito para saber amar.

Durmiendo, soñaba contigo,
desperté y seguí soñando,
imaginé que existías,
sentí que te quería
pensé que te amaba
y volví a soñar porque me querías.

Lágrimas con emociones,
llenas de ti y de mí,
llenando surcos de pasión,
aclarando tristezas
y llenando melancolías,
lágrimas para quererte,
y secarlas con sentimientos.

3Me convertí en ti,
sentí que era tú
y siendo tú,
te amé aún más
para no dejarte de amar.

Mil razones para pensarte
cien para admirarte
y una sola para no olvidarte:
Quererte.

Ambos se miraron en un momento y salieron con todo del auto. Gustavo, antes de salir, agarró el arma y la puso en su bolsillo.
Dante entró a la iglesia pero estaba repleta de gente. Estuvo un segundo y medio pensando como espantarla y en eso llegó Gustavo. Sacó su arma y la apunto a toda la gente de la iglesia petrificada por ver la pistola con silenciador.
- ¡¡Esto es... un... emm... asalto!! ¡Si no se van todos de acá los mato!
Las personas se apresuraron a salir de ahí con la velocidad de un rayo. Algunas llamaban, con su teléfono celular, a la policía mientras corrían. Dante buscaba un lugar donde atar una soga y ahorcarse. Subió hasta donde estaba la campana en menos de treinta segundos y, sobre el péndulo de esta, ató una soga sobre y se ahorcó. Gustavo llegó justo a tiempo para ver a su mejor amigo morir. Miró su reloj. Siete segundos. Estaba justo a tiempo y le habría salido bien de no ser por una mujer policía que, desde abajo, disparó y dio justo en la soga. Se rompió. La campana sonó y aturdió a Gustavo pero a Dante, tirado en el suelo, no le pareció importar. Su reloj sonó. Las doce de la noche.
Miró a Dante. Este tenía los ojos rojos y sangre en vez de saliva en su boca. Lo miraba hambriento. Con odio. Con desprecio. Ya no era Dante. Era un monstruo. Se escuchaba a los policías gritarle algo que no llegaba a escuchar mientras se alejaba de Dante. Corrió hacia abajo un poco más rápido que un relámpago mientras revisaba su cartucho del arma. Tenía cuatro balas. Casi no se asusta cuando de repente un cura se le cruzó por el camino.
- ¡¡Padre!! ¡¡Padre!! ¡No pude hacerlo!
- ¿Qué cosa hijo mío?
- ¡¡Dante!! ¡¡¡Tenía que matar a Dante a las doce de la noche!!!
El sacerdote vacilaba pero en eso ambos pudieron ver a Dante bajando las escaleras. Sus ojos provocaban terror combinados con el lúgubre pero brillante brillo de la sangre que caía de su boca en vez de saliva. El cura hizo un gesto como el que hace alguien que entiende algo de repente. Tomó a Gustavo de la mano y salió corriendo. Se escondieron abajo del altar. Ahí el sacerdote pudo explicarle a Gustavo que era lo que estaba pasando.
- Escuchá bien que no lo voy a repetir: Dante ahora es un fogamnse. "Foga" quiere decir fuego y "mnse", servidor. Servidor del fuego. Es uno de los sirvientes de Satanás. Uno de los más fuertes. Normalmente se transforman por contagio de videojuegos, cigarrillos, alcohol y otros males de la sociedad. A través de eso Satanás se comunica con ellos y los hace su servidor. Tarda uno en hacerse fogamnse. Pero cuando llega a serlo los resultados pueden ser desastrosos.
Gustavo no podía disimular su miedo y fue al grano.
- ¿Cómo lo curo?
El sacerdote bajó la cabeza y con ella hizo una breve negación.
- Ya no se puede hacer nada por él. Debes matarlo y rápido. Cuanto más tardes más difícil se te hará. ¿Cuántas balas tienes?
Gustavo sacó el cartucho del arma con torpeza y miedo. Pudo ver cuatro brillos de balas. Tenía cuatro.
- ¡Oh! ¡Cierto! ¡Lo olvidé! Nomás tengo cuatro balas.
Dante se asomó sobre el altar provocándole a Gustavo un aterrador alarido. Corrió hacia atrás sosteniendo su arma temblando y con miedo.
- ¡¡Salí de acá!! ¡Te juro que te mato!
Dante tomó el frágil cuello del anciano cura y lo puso delante de él. Gustavo pudo observar que la estrategia de Dante era usar al sacerdote como escudo y que él, al ser muy torpe con las armas, le erraría.
- Elegí, Gustavo. Lo matás para matarme o lo dejás vivo para mi libertad.
El cura le gritó a Gustavo.
- ¡¡Matáme, Gustavo!! ¡Voy a ir a un lugar mejor en el cielo! ¡Él jamás va a recibir su merecido si no lo matás!
Gustavo no sabía que hacer. Odiaba las decisiones rápidas ya que siempre se arrepentía después de haberlas efectuado. No obstante, tomó la que consideró correcta.
- ¡¡No te voy a matar!!
- ¡¡Gustavo matáme!!
- ¡¡¡No!!!
Dante parecía estar tentado con destrozarle la garganta al viejo. Supo entonces Gustavo que tenía poco tiempo para pensar en algo para salvar al cura y matar a Dante. Entonces se le ocurrió aquella idea. No creyó que funcionara pero era mejor intentarlo. Señaló hacia el costado con su dedo índice.
- ¡Uy! ¡No! ¡¡La policía!!
Dante miró al lugar que Gustavo señalaba. Este último vio que tenía una sola posibilidad de dispararle a Dante. Antes de eso pensó en los buenos amigos que habían sido antes. Desde la primaria jugando al futbol hasta ahora. Le dolía mucho tener que matarlo. Cuando él estaba en cuarto grado falleció su papá y Dante lo había animado como nadie más lo haría. Todo esto y mucho más pasó por la mente de Gustavo un segundo antes de disparar su arma. El impulso hizo que se fuera un poco para atrás.
Falló.
La bala le dio en su lugar al cura en medio del estómago. Dante se sorprendió al ver el no muy astuto plan de su amigo. Lo miró con sus ojos llenos de odio y le tiró encima el cuerpo del cura aún con débil vida.
- ¡Este ya no me sirve! -dijo mientras lo tiraba- ¡Te lo regalo!
El cadáver cayó a los pies de Gustavo. Este pudo escuchar las últimas palabras del viejo.
- L-la clave está e-en romp-perle s-s-su corazón.
Luego de eso no hubo más señales de vida en ese cuerpo. Su corazón pensó Gustavo y casi olvidaba que Dante aún estaba allí.
Este corrió en una rapidez récord y le quitó el arma a Gustavo de su mano. La rompió contra su rodilla.
- ¡¡Peleá con tus propias manos!!
Gustavo vacilaba ¿Cómo le iba a romper su corazón con las manos? El puñetazo de Dante en su mandíbula lo hizo reaccionar y, casi al instante, le pegó en el estómago. Dante no pareció sentir dolor y le dio una patada en su pierna derecha. Gustavo sintió un dolor grave como si se la hubiese quebrado ¿Cómo era posible de que Dante no sintiera ningún dolor? ¿Qué tenía que hacer para romper su corazón?
- ¡¡¡M-maldito!!! -gritó Gustavo aullando de dolor.
Dante parecía disfrutar de lo que le estaba haciendo. Después lo dio vuelta y le sacó los hilos de los puntos de la espalda de su herida anterior con la bala. Brotó sangre de ahí. Gustavo había perdido las esperanzas cuando se le ocurrió esa idea. Su corazón... Su corazón... Si él moría... ¡A DANTE SE LE ROMPERÍA SU CORAZÓN! Él era lo único que le quedaba en el mundo y viceversa. Nadie en el mundo, herido como estaba él, pudo haberse levantado más rápido. Corrió hasta donde estaba el Jesús crucificado (Que estaba plantado en el suelo) y le arrancó su mano derecha ya que el dedo del cristo era muy filoso y podría perforar cualquier cosa. Se lo clavó en el pecho, aullando de dolor. Dante vio eso y se puso ambas manos al pecho como si se le hubiese roto algo de allí. Lloraba con lágrimas normales. Sin sangre. Con dolor. Con tristeza. Cayó tiesamente en el suelo. Como una estatua que se derrumbaba. La policía entraba a la iglesia derrumbando las puertas. Habían llegado muy tarde. Gustavo, medio muerto, pensó en si su amigo se iría al cielo o al infierno. Una cosa era segura: Esté donde esté siempre estará en su roto corazón...

Terminatorgaby


 

 

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